COLEGIO OFICIAL DE MÉDICOS DE BADAJOZ
Aunque el carácter español eminentemente individualista siempre tendió al cultivo de la personalidad rehusando la colaboración gremial, la inclinación asociativa de los Médicos es tan antigua como la misma profesión.
Y así en sus comienzos habida cuenta de su carácter
sacerdotal, sus agrupaciones tuvieron un carácter religioso o monacal;
tales fueron los templos de Esculapio
en Roma, los Monasterios del Medievo y la Escuela médica de Salerno.
No hay noticias, o al menos nosotros no las hemos encontrado en las referencias
históricas de la ciudad, ni es conocida por los estudiosos de ella, sobre
la existencia en Badajoz de Círculos o Hermandades que, como la de San
Cosme y San Damián, agrupase a los profesionales de la Medicina. Nuestros
primeros hallazgos a este respecto se refieren a la labor cultural "in
extensis", de humanismo, realizados en torno o patrocinada por la
Real Sociedad Económica de Amigos del País y del Ateneo, sin que
ninguna de estas Entidades tuviesen exclusividad ni nexo de unión entre
los médicos.
Es preciso llegar al año 1872 para encontrar lo que podemos llamar "preludio" o "maqueta" del Colegio de Médicos provincial. En este año un grupo de facultativos llevados de los mejores deseos de perfección crean la Academia provincial de Ciencias Médicas, con sede en la calle de Granados n.º 40, 2º piso, residencia donada por su Presidente el Excmo. Sr. D. Benito Crespo y Escoriaza.
En sus Estatutos y Reglamentación desempeñó gran papel el Dr. D. Mario González de Segovia que sería después el primer Inspector provincial de Sanidad y el primer Presidente del Colegio de Médicos. De esta Academia desapareció toda la documentación en el año 1936 y sólo conocemos el discurso inaugural del 23 de febrero de 1885 que estuvo a cargo del Dr. D. Regino de Miguel y Guerra, médico de elevado valor científico y moral; trataba de "La Medicina en el siglo XIX".
En 1889 aparece en La Gaceta una R. O. de lo de octubre sobre la Ley de Sanidad en la que se dispone en su artículo 80... "que se organice en cada capital de provincia un Jurado médico de calificación, con las atribuciones, deberes, cualidades y número de los individuos que se detallen en un Reglamento publicado por el Gobierno, oyendo al Real Consejo de Sanidad con objeto de prevenir, amonestar y calificar las faltas que cometen los profesores en el ejercicio de sus respectivas facultades; reprimir todos los abusos profesionales a que se puede dar margen en la práctica y establecer en fin una severa moral médica". Firma la R. O. a propuesta del Ministerio de la Gobernación, Ruiz Capdepón, la Reina regente D.ª María Cristina.
Salta a la vista que esta primera reglamentación no se hizo con fines científicos ni tan siquiera para establecer una corporación de benéfica influencia social, sino tan sólo por razones de moral, que nos atrevemos a dudar las necesitase la clase médica.
En 1898, es decir nueve años más tarde, la misma Reina D.ª María Cristina y el mismo Ministro de la Gobernación, D. Trinitario Ruiz Capdepón, publican en la Gaceta del 12 de abril una nueva R. O. con los Estatutos para el Régimen de Colegios Médicos. Este Reglamento en sus "Disposiciones transitorias", apartado n.º 8, establece la obligatoriedad para el ejercicio de la medicina de "estar inscrito en el Colegio médico de la provincia donde el Profesor tenga su habitual residencia". En el capítulo 1.º de las Disposiciones generales, artículo 4º, explica la misión a realizar por los colegios:
"Amparar los intereses que representa la salud pública, persiguiendo las intrusiones; proponer se reglamente de modo equitativo el ejercicio de la profesión en todos sus aspectos impidiendo que tenga lugar con ofensa de los buenos principios de la moral y del decoro profesional; defender los intereses de la clase médica, favorecer las relaciones de sincera amistad y consideración que deben mediar entre los colegiados". De la función docente que parecía consustancial a las antiguas Asociaciones médicas nada se dice en esta nueva R. O.
No sabemos si estas disposiciones se pusieron en práctica en Badajoz aunque creemos que fueron "agua de borrajas" y cualquier licenciado abra consulta cuándo y dónde le venia en gana, sin dar cuenta de ello a nadie. Tal vez esto explique que no exista constancia ni antecedente alguno de la existencia de Colegio médico en Badajoz por aquel entonces.
Pero esto mismo debió suceder en toda España
que pasaba por una grave situación sanitaria, psicológica y moral
como secuela de la pérdida de las colonias y de
la guerra de Cuba. Las crisis gubernamentales se sucedían entre Cánovas
y Sagasta... Y menos mal que el Dr. Cortezo, paladín de los médicos
conservadores logró que el 29 de mayo de 1917 apareciera un Real Decreto
firmado por el ministro D. Julio Burell cuyo preámbulo dice: Creado por
Real Decreto del 15 del actual el Colegio del Príncipe de Asturias para
huérfanos de médicos, y disponiéndose en él, como
base de tan humanitaria obra, la constitución inmediata de los Colegios
Médicos con carácter OBLIGATORIO, S. M. el Rey (que Dios guarde)
ha tenido por conveniente disponer:
Que en el plazo máximo de treinta días se conviertan los Colegios Médicos existentes en colegios provinciales con carácter obligatorio.
Que en las provincias donde no estén constituidos, se proceda por los Gobernadores Civiles y los Inspectores provinciales de Sanidad, auxiliados por los Subdelegados de Medicina, a la constitución de los expresados colegios con el carácter de provinciales obligatorios.
Y es en esta etapa de 1917 cuando se inicia en nuestra ciudad de Badajoz el Colegio Oficial de Médicos de la provincia... Aunando voluntades y asistido por la opinión de la clase, se constituyó la primera junta de Gobierno que estaba integrada por el Dr. D. Mario González de Segovia, espíritu activo y de incansable laboriosidad como Presidente efectivo; cuatro Vicepresidentes, cargos que ocuparon los Dres. Pinna (D. Fernando) de Badajoz, Cortés, de Villafranca de los Barros; Nacarino, de Alburquerque, y Gallego (D. Manuel), de Fregenal de la Sierra. Como Secretarios los Dres. Silvestre González (D. Juan Bautista), de Badajoz y García de Vinuesa (D. Alfredo), de Mérida. Para Tesorero fue elegido el Dr. D. Manuel Cano, de Badajoz, muerto antes de cumplir dos años en el desempeño de su cargo. En esta elección se rindió merecido tributo de admiración y gratitud nombrándolo Presidente honorario, al Dr. D. Carlos María Cortezo, a cuyo preclaro talento e iniciativas se debe la creación del Colegio de Huérfanos del Príncipe de Asturias.
De igual distinción se hizo objeto a dos distinguidos médicos de la ciudad para quienes la clase médica extremeña guardó siempre respeto y la más cariñosa consideración, los Dres. D. Regino de Miguel y Guerra y D. Narciso Vázquez Lemus.
Publicados los Estatutos porque habían de regirse los Colegios Oficiales y no aviniéndose la constitución de la junta de Gobierno a lo que en ellos se prevenía, se acordó preparar una Asamblea General que tuvo lugar en marzo de 1919, eligiéndose conforme a lo ordenado una junta Directiva que estaba integrada por: Presidente, el Dr. D. Mario González de Segovia; Vicepresidente, Dr. Leopoldo Nacarino Oliveros; Secretario, Dr. Juan Bautista Silvestre González; Tesorero, Dr. Cayetano Moreno, y Contador, Dr. Nevado Bejarano, de Puebla de la Calzada. Como Vocales hubo representaciones de toda la provincia: Dr. Augusto Vázquez y Dr. Tulio Pinna, por Badajoz; Dr. Ramírez, por Olivenza; Dr. Cortés, por Villafranca; Dr. Ricardo Casas Calderón, por Villanueva, etc.
En esta Asamblea General se fijaron las condiciones generales de los contratos de iguala para toda la provincia, con expresión del tipo mínimo de ella y se dio cuenta del proyecto de Mutualidad para la clase médica, en cuya aceptación puso gran empeño la junta que hizo venir a un ilustre representante del Instituto Nacional de Previsión (el eminente sociólogo de Cáceres Sr. Leal Ramos) para que diera una conferencia a los colegiados sobre esta asociación, llamada a resolver económicamente a las clases médicas los problemas que la invalidez y el fallecimiento planteaban a las familias que solo contaban para su sostenimiento con el producto del trabajo profesional.
Por último se acordó publicar un Boletín mensual en colaboración con la clase farmacéutica, que sirviera de lazo de unión espiritual material y científico entre todos los colegiados.
El domicilio social del Colegio fue establecido en la calle Donoso Cortés, n.º 16 Bajo, siendo primer conserje del mismo D. Valentín Andrino González, persona de gran estima en la ciudad.
El Boletín mensual con secciones para farmacéuticos,
que después se ampliaron para veterinarios y practicantes, se publicó
con cierta regularidad a partir de 1920 hasta 1938 y salvo algún que
otro trabajo científico estaba reducido a disposiciones oficiales, tarifas,
concursos, tribunales de honor, declaración de plazas
inocupables,
actas de las juntas y necrológicas. Los problemas de la colectividad
médica eran casi los mismos de hoy, puesto que en definitiva el éxito
de la labor colectiva que un Colegio puede y debe realizar depende "exclusivamente"
de la cooperación o colaboración personal que al acervo común
prestemos "todos" para la salvaguardia de nuestros propios
intereses... Y en aquellos tiempos, como también en los que vivimos,
existían ilusos o inocentes o abúlicos que creen que de las desdichas
de los médicos tiene la principal culpa, sino la única, el Colegio.
Esto es lo que se deduce hojeando los Boletines del Colegio Oficial de Médicos de Badajoz de esos años. En todos ellos se repiten "entrefilet" como los que copiamos:
"Nunca aceptes cargos, es mucho más fácil no hacer nada y criticar".
"Cuando tu opinión se requiera en una junta no digas nada... pero luego después de la junta di a todos los que debieras haber dicho en ella".
"Trabaja lo menos que puedas y cuando otros laboren, di que el Colegio está dirigido por una camarilla".
Conviene recalcar que la tarea de las Directivas era ardua, pues aunque se contaba con el apoyo gubernamental eran muchos los médicos que no querían complicarse la vida colegiándose o aceptando algún puesto directivo.
Fue precisa una nueva R. O. emanada del Ministerio de la Gobernación, regido en aquel entonces por D. Gabino Bugallal, para que el asunto fuese tomado francamente en serio. Como dijo Joaquín Costa, lo que le faltaba a España eran hombres pero no Leyes. Esta R. O. de fecha 23 de febrero de 1921 iba dirigida a los Gobernadores de provincia y decía así:
Desde que en 1917 se publicó el R. D. estableciendo en su artículo 4.º la colegiación obligatoria de todos los médicos, vienen éstos en su organización de provincias manifestando reiteradamente su aspiración de disponer de medios correctivos reglamentarios que impidan a ningún colegiado faltar a los deberes morales y profesionales que le impuso aquella soberana disposición y que ratificó la R. O. de 6 de diciembre del mismo año al aprobar los Estatutos de dicha colegiación, atendiendo por consiguiente a la petición en tal sentido formulada por la Asamblea de los Colegios Médicos provinciales celebrada en Valencia y de conformidad con las modificaciones en ellas propuestas, S. M. el Rey (Q. D. G.) se ha servido disponer queden modificados los expresados Estatutos en la forma siguiente:
Artículo 1º. - El Inspector General de Sanidad, los Gobernadores civiles, los Inspectores provinciales de Sanidad y los Subdelegados de este ramo, perseguirán a los que ejerzan el intrusismo y a los que siendo profesionales de la Medicina no figuran inscritos en las listas de colegiados, en cuanto tengan noticias por información particular o comunicación de los Colegios Médicos.
Artículo 2º. - La misión y objeto de los Colegios Médicos será:
1.º Defender los derechos e inmunidades de los médicos procurando que gocen de la debida independencia y decoro ante Ayuntamientos y autoridades.
2.º Mantener la armonía y fraternidad entre los colegiados, adoptando las disposiciones conducentes para que no sufran detrimento alguno el decoro y buen nombre de la clase.
Desde esta R. O. que remachaba la de 1917 puede decirse que existen de verdad los Colegios Oficiales de Médicos. En 1921 a raíz de estas disposiciones se nombra junta Directiva en una magna Asamblea general, eligiéndose la siguiente: Presidente el Dr. González de Segovia que, por fallecimiento, fue sustituido primero por el honorario Doctor Narciso Vázquez y después por D. Fernando Pinna; Vicepresidente, Dr. Juan Bautista González Silvestre; Secretario, Dr. Ángel Valaer y Dr. Fernando Bueno; Tesorero, Dr. Cayetano Barriga, y Contador, Dr. Luis Pizá. Su mandato duró hasta 1931 y desde entonces ha corrido agua bajo los puentes y se han sucedido juntas que presidieron Dr. José Clavel Esteve, Dr. Alejandro Encinas de la Rosa y Dr. Cecilio Martínez Mediero. Pero ya por 1931 figuraba en el Colegio Oficial de Médicos de Badajoz, y desde entonces está en contacto con todos los médicos y ni que decir tiene que con las juntas directivas, el Oficial mayor D. Julio Bermejo Álvarez.
El domicilio social hubo de trasladarse al piso principal del n.º 2 de la calle Muñoz Torrero, donde no estábamos muy bien instalados por cierto. De allí pasó al piso 4.º, adquirido en propiedad, del n.º 16 de la calle de Menacho. Aquí ya fue posible desarrollar labor científico-cultural, pues se contaba con un aula suficiente para ello, desfilando por su Tribuna las figuras más prestigiosas de la Medicina española.
La última Directiva integrada por el Dr. José Rincón Rodríguez como Presidente; Dr. Julián Santamaría, de Vicepresidente; Dr. Juan Enríquez Anselmo, como Secretario; Dr. Alejandro Encinas Casillas, como Vicesecretario; Doctor Rafael Fernández de Soria, como Tesorero; los Vocales Dres. Horcajadas, de Vega, Gutiérrez, Casas, Pinna, Ayestarán, y Álvarez Martínez y todos los compañeros jefes de las Comarcales cuya enumeración sería tan justa como extensa, y por cuya omisión pido mil excusas en honor al espacio, esta última Directiva, repetimos, promueve la construcción del edificio social en la Avda. de Colón, s/n que se inauguró brillantemente el 8 de febrero de 1970.
Sería curioso referir la vida y milagros de los médicos que fueron desde 1872 hasta la fecha... pero he de poner fin a estas notas en cuya confección hemos aprendido muchas cosas que ignorábamos y que nos invitan a repensar esos años que no vivimos y de los que tuvimos conocimientos por ajenos comentarios y lecturas propias.